Selección de poemas de Elena Vlădăreanu

El sábado pasado, Elena Vlădăreanu y servidora nos subimos al escenario del Centro Cultural MVA de Málaga para leer sus poemas, en una tarde llena de intensidad y con la sala llena. A ambas nos emocionó muchísimo la reacción del público. Dado que mucha gente me preguntó dónde se encuentran sus poemas en castellano, respondo: no, no tiene editorial (por el momento, al menos) en España. Y, como lo prometido es deuda, aquí los dejo.

 

¿Cuánto cuesta lo que escribes?

How much?

Quanto?

Combien?

Coûte qu’il coûte.

 

50 dinares al día. 100 euros

He pensado a diario en este dinero

50 dinares. 100 euros

Compraré unos dulces, sin falta, dátiles y granadas, le compraré algo a la niña y

el resto lo cambiaré a euros para la doble mensualidad de enero.

Cuál es el mejor momento para recibir dinero.

Te lo encuentras al llegar al cuarto

Lo recibes cuando empieza la conferencia y firmas

Quizás en el sobre en la bolsa de participante

Una vez abierto cada sobre

Nada

Nada

Nada

El embajador de la Comisión Europea tiene el honor de invitarles a su residencia

Es un honor invitarles al vino de honor de inauguración

Respetuosamente, de parte de la CE

Una taza de porcelana tunecina bandera azul 12 estrellas

Ningún sobre con 50 dinares

Lacito azul en el asa.

Por lo menos comemos bien.

Estamos en un hotel de cuatro estrellas y nos empachamos.

Hablamos de la libertad del arte y nos empachamos.

Nos paseamos por todo el país en un autocar de cuatro estrellas.

Camellos y ovejas y vacas y otros animales de pezuña hendida

Al borde del camino.

Niños pordioseros

Kairuán, estudiantes de picnic al borde del desierto.

 

Un sindicato.

Si hiciéramos un sindicato.

Para que nos dieran esos 50 dinares al día. 100 euros por 5 días.

 

Llegan las preguntas.

¿Lo haces por el dinero?

¿Escribes por dinero?

¿Eres artista por dinero?

¿Acaso no te basta?

¡Pero mira qué condiciones tan buenas! ¿Es que no has visto la pobreza que nos rodea?

¿No te da ni un poco de vergüenza quejarte?

 

Cuando tenía veinte años alguien me decía siempre:

Vosotros, los artistas, sois unos parásitos. Merecéis que os fusilen.

Yo, si tuviera un arma, os liquidaría a todos.

 

***

 

No siempre he pesado 62 kg. Pero cuando pesaba 48, parecía de sesenta.

Caderas anchas, pechos grandes, huesos grandes. Hombros caídos, como los de mi madre.

Cuando acababa de conocer a mi actual marido y estaba muy enamorada, me hizo un día una foto mientras estaba friendo patatas. Parezco un ama de casa, le dije, una señora. Bórrala. No la borro. ¿Qué, es que no lo eres? Respondió él

Lo era.

Pero los artistas no lo son. Y no me sentó nada bien.

 

Un día, un poeta se desnudó mientras leía sus textos.

Su gesto se volvió viral.

Durante unas horas, la palabra preferida en el mundillo fue:

Ver-ga.

¡Ver-ga!

Silabeemos todos juntos: ¡ver-ga!

junto a naked poetry.

Un hombre blanco, joven, guapo, heterosexual. Artista pura sangre.

Pero si :

Mujer no tan joven, tripa, senos caídos, celulitis

dos niñas colgando

Etc

Etc

¿practicando naked poetry?

¡¿En serio?!

 

A mí me gusta la ropa de colores, los artistas visten de negro. All black. Yo no fumo, los artistas fuman. No me drogo, no bebo. Los artistas… en fin.

 

Me he propuesto adelgazar. Fuera dulces, grasas, empezar a nadar, correr por el parque.

 

¿Y si probara con una rinoplastia?

 

Comprar una faja, espalda recta, hombros rectos.

Cambio radical de armario.

Soy un cuervo.

 

Una operación de reducción de pecho.

Los artistas son andróginos, yo llevo escrita en mayúsculas REPRODUCCIÓN.

La salvación de la especie.

Ama de casa.

Madre.

Bajita, caderas anchas, muslos, michelines, pechos, hombros caídos.

 

Los artistas no se reproducen.

Manole vuela desde el tejado, su mujer ha sido emparedada viva,

sin descendencia.

 

 

***

 

Y de repente empieza a llover dinero.

De repente aprendemos a dar las gracias.

De una manera das las gracias cuando te invitan a un evento no pagado.

De otra manera, a un evento pagado.

Muchas gracias.

Muchísimas gracias.

Bueno, no sé ni cómo agradecértelo.

Yo te lo agradezco. Ha sido increíble.

Ha sido todo un honor estar aquí hoy.

Pero no basta. Llegas a casa. Publicas en facebook.

“Qué bien ha estado. Qué gran organización. Me he sentido genial”

Etiquetas a los organizadores.

Para que vean que eres agradecido.

Quizás la próxima vez vuelvan a pensar en ti.

Y lleva una cámara, tendrás que hacer fotos.

Y reverencias

Y humillarte

Y postrarte

Y someterte

Y arrastrarte

 

***

 

Pero tú, dinero, cuando llegas,

¿de dónde vienes?

Del ayuntamiento

Del ministerio

Del instituto

De la revista

De la unión de escritores

De los patrocinadores

De los tipos molones

¿Eres portador de la felicidad

o te carga el diablo?

¿Pregunto quién pone la pasta

o mejor escondo la cabeza en la arena como un avestruz ?

Si no te acepto ahora, ¿nos volveremos a encontrar ?

Pero si te acepto, la gente leerá en mí compromiso.

¿Y qué puedo hacer yo con un compromiso ?

¿Puedo llenar la nevera de bienestar ?

¿Puedo ir a ver un espectáculo al teatro nacional o comprarme unos zapatos ?

¿Qué se puede hacer en general con un compromiso ?

 

 

Elena Vlădăreanu, del volumen  Dinero. Trabajo. Tiempo Libre (2017)

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